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Cronicas del Parque de San Antonio de Prado (II)

www.dsanantoniodeprado.co

Mientras sucede el proceso de remodelación del parque, Ciudad Rural continúa recreando este proyecto, y retoma las conversaciones, con algunos de los ciudadanos que vieron desfilar trozos de casi una centuria de “la salita de la casa” de San Antonio de Prado. Miradas y recuerdos de lo que hoy se retoca para que antiguos y nuevos moradores, gocemos de un mejor encuentro con el presente y el futuro de “los Israelitas”. El turno esta vez en la taberna Chutus, fue para Ciro Salazar y Euclides Betancur.

 

Estamos acabando…Con lo poquito que queda de Prado viejo”: Ciro Alberto Salazar

 

Ciro Alberto Salazar Betancur fue testigo de momentos significativos que desfilaron ante sus ojos en la mitad del siglo XX. “Para mí el referente más importante era la escuela que había ahí al frente del parque, -lo que desde 1999, es el hospital- donde aprendimos a leer y escribir, con Don Carlos Betancur, Celina escobar, Roberto Betancur, y con Rosa Santos, una profesora que vino de otro municipio con muchas iniciativas”. Durante la década del 50 “La escuela estaba para niñas y niños, separados por una tapia; aquí hacíamos hasta tercero y pasábamos a hacer cuarto y quinto de primaria, donde los hermanos cristianos” Ciro Salazar se refiere a la escuela que se conoció como “La Portada de los hermanos” o escuela Beato Benildo, adjunta a la comunidad de Novicios de La Salle ubicada en los límites entre el Barrio Palo Blanco y la vereda La Florida.

Ciro rememora el parque de su infancia “Al frente había una especie de manga donde nosotros jugábamos bolas, trompo, chucha…”, para su época de escuela, el parque todavía era una manga. “Si donde el día domingo sacaban vacas de leche a vender, las amarraban en un “céntrico” de algunos palos de mango, algarrobo…este todavía existe, es más viejo que la ceiba”. Aún recuerda todos los domingos, procedente de La Feria, “la descargada del ganado para el sacrificio; llegaban 12 novillos cada ocho días para surtir a seis o siete carnicerías; era un riesgo constante pero también muy entretenido; todo el mundo se derrotaba de miedo porque los toros se volaban y había que cogerlos para volverlos a meter al matadero”

Los toldos de las carnicerías, “se instalaban allí desde que el parque era un tierrero, una manga; los filaban cada ocho días, desde las cuatro de la mañana hasta las 11 o 12 del día”. Y tras el recuerdo de los toldos, le llega a Ciro la imagen del suegro de ‘Polo’ – Luis “El Velero”- quien además de su fábrica de velas, “preparaba la sal, para esa carne y para mandar a Heliconia”. Otro divertimento de los sábados y domingos era “la avenida del Cementerio; una calle destapada que llegaba al parque, donde los campesinos aprendían a montar bicicleta; se mantenían todos lacerados por las caídas”. Los caballitos, no de lomo, sino de acero, los conseguían en el legendario ‘alquiladero’ de “Polo” Betancur, que se nos fue hace unos meses.

Ciro Salazar, que era un joven en los años 60, rememora los establecimientos del café y el buñuelo, o donde ocurrieron los primeros animadores etílicos “Fue la cantina de tulio Ortiz, hermano de Ernesto Ortiz, que después fue de Samuel ‘Pecoso’. También estaba la de Porfirio Acosta, -El Bar central, que fue derribado para darle paso al sendero o escalas hacia la Institución Educativa SADEP y el Mall de Cootrasana-; el café de Rafael Mesa, que salíamos de misa a comernos las empanaditas, con un ambiente donde se llegaba con la familia, y en la cantina de Tulio era la borrachera; éstos locales vienen desde mitad de los años 40” dice. En su infancia y adolescencia, vestidas de religiosidad, fueron imborrables las procesiones de semana santa, la banda de ‘los chupa cobres’ y los remates del altar de San Isidro en tiempos del padre Lorenzo; “los que más remataban –dice Ciro- eran los Botero, tenían una finca en la loma, ellos venían de Sonsón”. También recuerda mucho la visita a los Monumentos “Los de aquí y de otros municipios; la Estrella, Itagüí. Al altar de los Hermanos Cristianos los jueves Santos subían los carros escaleras de aquí cada hora a llevar la gente”.

 

Y no se puede olvidar de lo vivido en el parque en el año 74, cuando su participación política lo llevó a apoyar la campaña liberal de Alfonso López Michelsen “Para ese tiempo había una guerra de carteles entre conservadores y liberales que salían a pegar en los muros, y al amanecer ya estaban tapados con los del otro partido …nosotros hicimos unas cadenetas con cabulla pegando a López y llenamos el parque de palma a palma; empezamos a las tres de la mañana y cuando llegaban ya estaba el parque lleno. Ese día la votación fue muy grande; aquí eran 50 o 60 votos liberales, y en esa ocasión fueron 385.

Las casas políticas del parque

 

El panorama de las casas políticas en el parque, en los años 70, nos dibuja el recuerdo de la esquina donde hoy está el salón de billares “Samba”, y el liderazgo de don Ignacio Betancur en su casa “sede”, mientras que en la tienda ferretera de don Bernardo Hurtado contiguo al local que hoy ocupa la farmacia Polar, antes, la botica de don Erasmo, los conservadores hacían sus tertulias. “Los liberales no teníamos sede, yo trabajaba en el sótano de mi papa donde hoy es Merca Prado, y desde la casa de ‘Moneda’ empacamos todo para pegar los afiches” – dice Ciro- y advierte que al frente del ancianato también había un directorio conservador, al tiempo que recuerda “la inspección de tapias, cercana a donde estaba don Ignacio, y donde vivía la familia de Euclides Betancur”.

 

Ciro hace “remate de puntada” a sus memorias, con un salto a 2004, cuando volvió de sus años laborales, como técnico agropecuario en Antioquia, y como Alcalde de Armenia 2001-2003. “Si, ya son unos cambios de modernización muy diferentes, estamos acabando con lo poquito que queda de Prado viejo”. Entonces le da paso a Euclides Betancur, el otro contertulio, que con el aroma de un café nos acompaña; le pone la mano en el hombro y dice: “Euclides en esa época, era el que daba de qué hablar todos los días”.

 

Euclides Betancur: entre altares, política y bajo mundo

Lo primero que retoma de la conversación con Ciro son los altares de San Isidro, “el de Luis castaño, y el de don Antonio Betancur eran de lo máximo porque él metía cosas mecánicas, jugaba con las luces”. Pero además, la tienda del legendario -Antonio “nina” dice Euclides- ubicada donde hoy está el almacén Jardimoda “tenía un mostrador con una malla, si uno le iba a robar eso lo encalambraba; tenía un baño eléctrico, y uno tenía que pagar; el teléfono era famoso, cuando le faltaban huevos o parva, llamaba ¡Nina, Nina! ¡Coco, coco! y su esposa por un tubo, le mandaba lo que necesitaba”.

Díscolo, hiperactivo, viviendo al lado del Comando de policía, a Euclides Betancur, de niño le llegó el ‘bajo mundo’ de Prado. “Me tocó ver todas las peleas a bala, cuchillo y puñaleta en el parque. En el zaguán de mi casa murió un policía; cerquita vimos morir a ‘la zapa’, a Neftalí, al hijo del lotero, nos tocó ver todo el lumpen de aquí”. Y fue un delincuente quien lo conquistó para doblar el codo “Mi primer aguardiente me lo tomé en el bar El Cazador donde Eusebio ‘huevo’ –lo que era ese granero mixto hoy hace parte de la heladería El Danubio- allá se mantenía el famoso ladrón, Valentín Cuartas; él fue quien me lo brindó”.

 

De niño, en el Parque y dentro de la escuela vivió los juegos de su época “la vuelta a Colombia, al palmis, al arroyuelo; y en la manga, al frente de la casa de ‘Moneda’ nos subíamos al palo de pomas”.

La pavimentación del parque y sus alrededores fue a finales de los años 50 y comienzos de los 60. “Hombre yo hice la primera comunión en el 57, y esto estaba sin pavimentar; hasta ese día me caí, mi vestido quedó estampado con el aceite quemado”. De esa época Euclides recuerda “la inspección de tapia, la casa de los Henao Mesa, la casa de doña ‘Polvina’ donde hacían las necropsias; enseguida de la escuela vivían unas señoras que les decían las ovejitas y hacían unos helados muy especiales. A nosotros también nos tocó disfrutar las velitas de doña Narcisita; eran las mejores de todo el mundo, no eran crocantes sino gelatinosas, además de los panderos y parva en general.”

Combativo y promiscuo

 

A más de contestatario, Euclides era Promiscuo en política. “Para 1961 los conservadores entre sí se daban duro; los Laureanistas contra los Ospinistas. No sabría cuál grupo era más beligerante; a mí me tocaba de ‘golfillo’; el uno me ponía a repartir un voto, el otro una propaganda, yo le repartía votos a todos” ¿Y cómo no iba a hablar de lo que aprendió de Ignacio ‘Pinilla’? “Don Ignacio Betancur, aparte del proceso político y electoral, era muy díscolo, si a él le tocaba rivalizar con la iglesia rivalizaba; la iglesia que trataba de tomarse ciertas atribuciones de circunstancias non santas, entonces nosotros rivalizábamos para defender los derechos de los inquilinos o de los dueños de las casas; en ese entonces nosotros teníamos un grupo orientado por la Anapo, grupo de avanzada, con una orientación política pero no éramos políticos sino beligerantes; éramos, entre otros, Elkin Ortiz, Luis Gómez, Edgar Cano, con quienes nos repartíamos tareas de trabajo permanentes”.

 

Por Antonio Jesús Betancur 

2 Comments

  1. Blanca Ines Ortiz Mesa dice:

    buenas noches. Mi papa Jaime Ortiz dice que Don Antonio colaboraba con el altar de San Isidro ubicado en la propiedad de los Ricos. Porque los altares eran en las cuatro esquinas del parque.

  2. Reina perez dice:

    Hola mi nombre es reina Perea ,hija de bernarda una profesora de san Antonio .tengo recuerdos divinos de Prado ,mi pueblo donde pase mi niñez y Juventus viví 17 años en Prado los viví muy feliz .tengo una hija divina de un pradeño Juvenal. Montoya mi novio. Secreto por casi 5 años .recuerdo la escuela donde mi madre trabajo. Mi escuela y colegio .cuando voy me da tristeza pues ya mi pueblo no mi pueblo de antes es una cuidad cualquiera.

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