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El nuevo parque un entramado de oficios e historias

Con la entrega oficial de la renovación del parque de San Antonio de Prado, Ciudad Rural continua registrando el entramado de historias que se tejen alrededor del parque, o “la salita de la casa” como lo expresa Alessandro Pascuali, quien con Ciro Salazar y Euclides Betancur rememoran lo que ha significado este espacio, con sus múltiples usos e historias, desde los años 60 con su vida tradicional, hasta la pluriculturalidad de nuestros días.
Con muchos años de historia, el parque de San Antonio de Prado, ha sido escenario de múltiples usos; desde vendedores ambulantes, taxistas y buseros; desfiles patrios, procesiones de Semana Santa y altares de San Isidro; verbenas populares y conciertos en los que las escalas del atrio de la iglesia han servido de tradicionales graderías. Un uso muy particular es el que practican los artistas y espectadores de la música y el baile popular. Campesinos, obreros y gente del común del corregimiento y venidos de municipios vecinos, también disfrutan de los trovadores; pero también hay espacio para el reggaetón, el regué y el hip hop.
Y lo disfrutan cotidianamente extranjeros como el italiano Alessandro Pascuali, quien desde el año 2007 decidió volverse pradeño. Él explica porque se enamoró de Prado y no de otro pueblo de Colombia. “Yo vivía en Italia, y aburrido de la vida frenética de Europa decidí venir a este paraíso que es Colombia y San Antonio de Prado excelente pueblo que me robó el corazón; llegué a la Oculta y me sentí de una en mi casa. Conoció a la familia de los Cano y asumió estar al frente del Bar Salsijugos desde donde dice: “Vi que era buen negocio la cuestión del Bar; aquí estamos en estas cornisas, tenemos la suerte de tener la iglesia de frente, el parque de frente; a 3 metros del piso me lo vivo todo”. Alessandro nos hace una radiografía de “la salita de la casa” antes de que empezaran a reformarla, soñando con un parque más ordenado y con una zona verde más amplia: “Este parque es uno de los mejores, por las características de los personajes, más que la infraestructura, que es muy feíta, le falta un poco de mantenimiento, los personajes son los que le dan la personalidad al parque; la cultura, el cine, los zanqueros”.
Ciro Alberto Salazar técnico agropecuario habla de los recuerdos del parque en su infancia y juventud por allá en los años 50 y 60, y advierte que “El referente más importante era la escuela, al frente, donde hicimos nuestros primeros renglones, aprendimos a leer y escribir, con Don Carlos Betancur, doña Celina, Rosa santos” recuerda que en esa época el parque era una manga “allí sacaban vacas de leche a vender y las amarraban de unos palos. Asimismo, cuenta Ciro que los toldos de las carnicerías se instalaban desde que el parque aún era una manga: “las filaban el domingo desde las cuatro de la mañana, hasta las 11 o 12 del día. De igual manera, Salazar hace memoria de los primeros negocios donde los pueblerinos se tomaban sus etílicos “la cantina de Tulio Ortiz, hermano de Ernesto Ortiz, que después fue de Samuel, y la de Porfirio Acosta”.
Euclides Betancur habla de las velitas y de la parva de Narcisita “Las mejores velitas de todo el mundo; es que yo no he visto velitas como las de Narcisita, que eran gelatinosas”. Y cuenta Euclides que aunque él tenía mucha afinidad con el reconocido Ignacio Betancur también le prestaba servicio a distintas corrientes políticas “A mí me tocaba como ‘golfillo’, el uno me ponía a repartir un voto, el otro, otro voto; yo le repartía votos a todos” El nuevo parque de San Antonio de Prado genera usos y personajes que producirán historias para contar en los años venideros.
Redacción José Fernando Betancur Fotografías: Luis Fernando Osorno.

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