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La rola del playero

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Un nuevo día, 5:30 de la mañana y el playero comienza a alistar su ánimo y sus herramientas. A las 6:00 de la mañana se prepara para salir de su casa hacia un encuentro con la madre naturaleza; en la quebrada o río como muchos lo llaman, está el sustento para él y su familia. Disponiéndose para entrar en el agua fría, muy fría, lleva en sus manos una polea o cajón de madera (también conocida como la rola) una pica, una pala y unos cachos de lata, herramientas con las que buscará sacar el material (arena y gravilla) de la quebrada Doña María, afluente que pasa por la vereda El Salado de San Antonio de Prado.

Cuenta Don Ramiro Areiza, quien hace más de 40 años habita la vereda, que ser playero en este sector del corregimiento es un oficio tradicional que se remonta a los primeros pobladores de este territorio, y que, en la época en que él llegó a vivir a El Salado, él ya veía a los jóvenes con su rola, dedicándose a esta actividad.

Aunque el oficio de ser playero, es decir, de sacar material para construcción de la quebrada, ha ido en descenso con el pasar de los años pues es demandante y pocos están dispuestos a hacerlo, más aún, cuando se han abierto otras oportunidades que llegan de la urbe hacia este sector rural; no se ha perdido del todo y varios habitantes de la zona aún se dedican a él. En la actualidad, los jóvenes de la vereda conocen la actividad, pero prefieren estudiar y desplazarse hacia la cabecera urbana para aplicar sus conocimientos en otras actividades que les brinden sustento económico con un menor esfuerzo físico.

En tiempo de sequía el material escasea y el playero recurre a los cachos, que le sirven para arrancar, literalmente, la gravilla del suelo de la quebrada. Cuando la naturaleza está de su lado y la quebrada crece, el playero se lo agradece, pues con su caudal arrastra todo el material, que, a su vez, es más fácil de elegir y sacar con su rola; en días soleados, nublados o con lluvia, eso no importa, el playero hace su labor. Pone su cuerpo dentro del agua y a un lado su rola, la pica y la pala y las fuerzas de sus brazos comienzan a sacar el material. Paleando va echando al cajón y escogiendo la piedra, la gravilla y la recuña y, una vez listo, se saca el material y se pone en pilas, un trabajo arduo en el que solo la naturaleza decide cuánto durará el contrato.

La paleada como ellos la llaman, va más o menos hasta las 3:30 de la tarde, con las pilas o arrumes ya listos y el horario cumplido, da por terminado el día dando gracias a Dios, a sus pies que soportaron el frío y a sus brazos que con su fuerza sacaron muchas rolas llenas de material que le aportará el sustento. Fatigado, con su espalda dando gritos y añorando un descanso, espera paciente la llegada de las volquetas que llevarán el material a algún lugar para venderlo. Finalmente, el playero coge sus herramientas y se marcha esperando que la vida le regale un nuevo día para seguir en la lucha.

Por:

Jenny Johana Baena

Bibliotecaria Centro Educativo El Salado

Publicado en la edición 147 del periódico Ciudad Rural
Este artículo hace parte de la serie MEMORIAS DE MI VEREDA, un proyecto de fomento de lectura y escritura con información local que busca el rescate de la memoria rural de San Antonio de Prado. Este proyecto fue planteado por el Parque Biblioteca José Horacio Betancur y un grupo de sus amigos, para presentarlo a la convocatoria 100 estímulos para innovar en las bibliotecas públicas 2016, abierta por el Ministerio de Cultura y de la cual ha sido ganador.

1 Comment

  1. Alvaro Bustamante dice:

    Excelentw recopilación. Gracias

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