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La Sorpresa de La Papaya

Siete años atrás sucedió un hecho importante para los habitantes de la vereda El Salado. Aunque poco mencionado en medios locales de San Antonio de Prado, este suceso colapsó la vía a la vereda por espacio de 45 días y asustó mucho a toda la comunidad.

 

Cuentan algunos habitantes de la vereda El Salado, entre ellos Don Mario Trujillo -hombre de unos 60 años de edad, alto, acuerpado, de tez blanca, vecino que habita la vereda hace más de 40 años- que desde un lugar llamado La Cajona, situado en la vereda Astillero, sale un tubo madre de Empresas Públicas de Medellín que se encarga de abastecer de agua al barrio El Limonar, también territorio del corregimiento.

 

Dicho tubo está enterrado y pasa por la parte alta de la finca La Papaya; casa finca que queda cerca al Centro Educativo El Salado, al lado de la gruta de la Virgen del Carmen. Según Don Mario y lo que a él le han contado vecinos y amigos, es que el tubo estaba un poco averiado, pero como nadie se había percatado del daño, esto hizo que la tierra se fuera ablandando hasta ceder en un deslizamiento que, no solo sorprendió a La Papaya sino también, a la comunidad.

 

Todo ocurrió a eso de la 1:30 de la tarde, ya los estudiantes del Centro Educativo El Salado habían pasado por La Papaya, camino a sus hogares. De pronto, de un momento a otro, se sintió un estruendo muy fuerte, el cual fue como una explosión; minutos después, vecinos cercanos pudieron ver la magnitud de lo sucedido. Un deslizamiento de tierra tomó por sorpresa a La Papaya, trayendo consigo pérdidas de animales (vacas, perros, gallinas) de objetos materiales (establos) y ocasionando el taponamiento de la vía principal hacía el pueblo (cabecera corregimental). Toda la comunidad quedó consternada ante este suceso pues era un día de verano, hacía sol y nadie se lo esperaba. Dada la cantidad de tierra que cayó, a la maquinaria de obras públicas se le dificultó, día tras día, abrir pronto el paso. La gente tenía que pasar por caminos de trocha alternos y también por encima de la tierra para poder llegar a sus casas. Se abrió un paso alternativo por la finca de los Cañazo, el cual tomaba alrededor de 10 minutos más a pie (para quienes vivían cerca a la cancha) llegar a sus destinos.

 

Cuarenta y cinco días pasaron para que las máquinas retroexcavadoras lograran abrir el paso de la vía para transitar de nuevo por allí. La Papaya, aunque sorprendida y sin víctimas mortales, aún existe y, en la misma tierra que quedó de aquel suceso, en la actualidad han nacido árboles, plantas y pasto; naturaleza que no logra borrar el recuerdo que permanece en las mentes de los habitantes del Salado, de que un día La Papaya fue sorprendida por un gran alud de tierra.

 

Por:

Mario Trujillo Quintero

Gloria Marleny Trujillo

Habitantes de la vereda El Salado

 

Publicado en la edición 147 del periódico Ciudad Rural

 

MEMORIAS DE MI VEREDA es un proyecto de fomento de lectura y escritura con información local que busca el rescate de la memoria rural de San Antonio de Prado. Este proyecto fue planteado por el Parque Biblioteca José Horacio Betancur y un grupo de sus amigos, para presentarlo a la convocatoria 100 estímulos para innovar en las bibliotecas públicas 2016, abierta por el Ministerio de Cultura y de la cual ha sido ganador.


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