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El misterio de la cancha

En la búsqueda por la historia de la vereda El Salado, nos topamos con una gran persona, Don Ramiro Areiza -un hombre delgado, de tez morena, dormilón, con bozo de “chapatín”, bonachón, amable y siempre servicial a quien en la vereda se le conoce por su frase célebre “Mijito, la vida es la vida, y hay que vivirla”-. Sentado a las puertas de su tienda, tomando un café, mirando a lo lejos, y con sus vistas cansadas, tal vez recordando sus hazañas o sus largos viajes hechos a través de los años, con su desgastada vista, nos vio llegar. “Buenas tardes… Buenas tardes, contestó; sabemos que su tiempo está muy copado, pero, ¿nos puede regalar unos minutos? claro que sí, muy amable respondió… ¿en qué les puedo ayudar? Mmm… Queremos saber sobre el misterio, sí, el misterio de la cancha.”

La cancha

 

La cancha es un espacio, placa deportiva, punto de referencia de la vereda El Salado. Un lugar importante para sus habitantes porque ha sido escenario de grandes eventos como la fiesta del campesino, encuentros deportivos inter veredales, y fiestas patronales. También para sus niños y niñas que a diario se congregan allí para jugar e invertir su tiempo libre, el sitio que los acoge para divertirse y conocer a otros.

Una sonrisa nos dio a entender que era un recuerdo que Don Ramiro Areiza siempre tendrá en su memoria. Sonrió nuevamente, se acomodó y su mente viajó 47 años atrás. “Una piedra enorme reposaba allí, en el terreno en el que hoy está la cancha. Era una piedra grande que la misma comunidad fue comiendo a punta de pico y pala para repartirla en el camino, en ese entonces de herradura”. Con sus palabras pausadas dijo “una nueva ramada o rancho grande se construiría allí para darle paso a una de las fuentes de empleo de la época y progreso para la vereda”.

 

Le preguntamos a Don Alfonso Torres -vecino de la vereda de hace 42 años, bajito, delgado, moreno que con su “rin, rin” saluda a propios y a extraños, más conocido como “El Indio”- por su recuerdo más importante de la vereda, y dijo que era la construcción de la cancha en lo que antes había unas ramadas, es decir, un rancho grande de zinc para cubrir los fogones y maquinaria de la fábrica donde se cocinaba pegamento para los moldes de cemento que allí se hacían. Dichos moldes de cemento se fabricaban para tumbas… ¿¡Tumbas!? Preguntamos. Sí, sonrió y agregó, tumbas que iban para los cementerios Campos de Paz y Jardines de Montesacro ¡Ah! pero también pocetas y condolines para fogón de leña.

 

La fábrica

 

La fábrica no tenía nombre, pero se hizo conocer por el empleo que generó en la zona y los productos tan particulares que de allí salían. Poco se conoce de su proceder. El encargado de esa fábrica, Don Tiberio Cano, habitó la vereda por un tiempo y, su dueño se llamaba Raúl Pizano. Más adelante, Don Raúl le vendió a Darío Escobar conocido por ser dueño de la finca de los Cañazo. Este último fue dejando acabar la fábrica, dice Don Alfonso, al que al mismo le tocó tumbar la ramada que se había construido en ese lugar. Posteriormente, Darío Escobar le vendió el terreno a Alberto Sierra quien, a su vez, lo donó a la Junta de Acción Comunal El Salado, comité que se encargó de gestionar la construcción de la Cancha.

 

Esa cancha de más de 20 años, punto de encuentro para la comunidad y un necesario espacio para los niños y jóvenes, ha perdido su uso con el paso del tiempo. Sí, su estado es lamentable y más triste aún, es que nadie quiera darle la mano siendo un espacio tan, tan necesario. Es un misterio que la soledad se apodere, en ausencia de la gestión que lo pueda regresar a la vida, de un lugar que antes fue el corazón de la vereda El Salado

 

Por: Jenny Johana Baena

Nubia Trujillo

Habitantes de la vereda El Salado

Publicado en la edición 147 del Periódico Ciudad Rural

MEMORIAS DE MI VEREDA es un proyecto de fomento de lectura y escritura con información local que busca el rescate de la memoria rural de San Antonio de Prado. Este proyecto fue planteado por el Parque Biblioteca José Horacio Betancur y un grupo de sus amigos, para presentarlo a la convocatoria 100 estímulos para innovar en las bibliotecas públicas 2016, abierta por el Ministerio de Cultura y de la cual ha sido ganador.

1 Comment

  1. Jeny Cárdenas dice:

    Yo creí que el misterio de la cancha era “el remolino” al que tanto le temiamos cuando estábamos jugando y se nos iba el balón,de allí vimos sacar varios muertos y muchos casi agonizando . Nadie sabía cómo era allá adentro solo que si se caía difícilmente salía

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